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Normalizar la palabra “madrastra”

Normalizar la palabra “madrastra”

¿Sabes la diferencia entre ser la madrastra y ser la novia de…?

¿Alguna vez te has preguntado por qué el rol de la madrastra es poco visible?

Cuando hablamos de roles, cada uno conecta a una persona:  

  • Si hablamos de tío/ tía/ tíe, se conecta a les sobrines. 
  • Si nos referimos a la madre, es correspondiente a les hijes. 

¿Y cuando decimos la novia de padre/madre/adre?

La palabra madrastra sigue estigmatizada por algunas creencias equivocadas y anticuadas pero ser madrastra es más dulce de lo que muchas personas piensan.

Recuerdo como si fuera ayer cuando salía por primera vez con mi hijastra; fuimos a un parque cerca de casa.

Ella tenía 3 años. Mientras jugábamos juntas una criatura de unos 9 años se acercó y preguntó si podía jugar con nosotras y mi hijastra contestó que sí. Al sentarse con nosotras, le preguntó a mi hijastra si yo era su madre, a lo que ella sonrió y dijo : “No, esta es Pri”.

Como no entendió la respuesta, la criatura volvió a preguntar. “Pero si ella no es tu madre, ¿qué es?”. 

Me di cuenta de que a partir de ahí tendría que responder por mi hijastra. Pero de repente pareció como si el tiempo se detuviera y lo único que surgía en mi cabeza eran preguntas y más preguntas: “¿Qué somos una de la otra?” “¿Por qué nunca he tenido esa conversación con mi hijastra antes?” “¿Debería hablar con ella sobre eso?” “¿Por qué estoy nerviosa?” “¿Cómo voy a explicárselo a esta criatura cuando ni siquiera yo lo tengo claro?”

Me puse nerviosa. Las manos me sudaban. 

Mientras tanto, la niña volvió a preguntar: ¿Qué sois?

Me sentí en esos programas de televisión en los que tienes 30 segundos para responder a la pregunta, de lo contrario te eliminan. ¿Sabes?

Al final por decirle algo le respondí que yo era la novia de su padre. Y la criatura, sin entenderme, afirmó: ¡Entonces eres su madre!

Yo, aún más nerviosa y sin mucha paciencia, le dije que no, que yo era la novia de su padre. 

La niña se dio cuenta de mi inquietud y ya no preguntó más.

Después de ese episodio, llegué a casa, entré al baño y no pude dejar de llorar. Lloré desconsolada. Me sentía desubicada y no entendía el por qué de todo esto.

Con el paso del tiempo, los lazos con mi hijastra se asentaron y se hicieron más fuertes y yo sentí el deseo de nombrar nuestra relación. Sentí que éramos dignas de no depender de mi relación con su padre para decir que estábamos construyendo la nuestra. 

Fue entonces cuando comencé a investigar a fondo el verdadero significado de la palabra madrastra. Conocía este rol ya que yo tuve una madrastra. Y usaba la palabra madrastra sin miedo para referirme a ella.

¿Y por qué ahora no puedo decirla con orgullo?

He llegado a varias conclusiones y me he dado cuenta de que todas ellas están relacionadas con el miedo.

La primera: el miedo a ser juzgada como “la malvada”.

Me avergonzaba decir que era madrastra por miedo a que la gente pensara que soy una persona malvada que arranca los ojos de las criaturas con un cuchillo. Sí, tenía miedo de ese juicio.

La segunda, la típica creencia estructural normalizada de la competencia femenina existente en nuestra sociedad: no quería que la gente pensara que le “robé el marido” a alguien. ¡Porque hay personas lo piensan! 

La tercera: miedo por no ser la madre biológica

Me sentía insegura. Yo no tenía un grupo de apoyo para madres en mi whatsapp, porque yo no era su madre. Me sentía que era una adulta responsable en esta relación, pero tenía miedo por no saber exactamente mi papel, por no saber cómo desempeñarlo. 

Por supuesto, la sociedad te abraza con mucho más cariño cuando dices que eres madre que cuando eres LA MADRASTRA. 

La cuarta: la de Disney. Vi que muchas de estas emociones me conectaban con las películas de Cenicienta y Blancanieves.

Después de esta dolorosa reflexión decidí cambiar la dirección y finalmente decidí decir que soy la madrastra. ¡Como un acto político! (Imagen de varias madrastras aplaudiendo y celebrando este gran paso)

Pensé que sólo decirlo era suficiente. Creí que actuar así cambiaría la historia de nuestra sociedad. Hasta que la gente de mi entorno empezó a decir “la palabra madrastra suena mal” o “no digas eso, porque tu eres una buena persona”, como si ser madrastra te garantizara el carnet de persona mala. 

No estaba preparada para eso; no tenía sentido para mí ser una “buena persona” antes de convertirme en madrastra, ¿ahora ya no lo soy? Se me hizo un nudo en la garganta hasta el punto de bloquearme y no poder responder.

Lo que necesitaba era un argumento para que la gente entendiera que el estereotipo hace mucho daño y que tenemos que evolucionar. 

Sigo caminando para mejorar y concienciar a más personas del bonito, e importante, rol que tienen las madrastras de todo el mundo. Y por eso te invito a reflexionar y caminar juntas en esta comunidad tan bonita. ¿Te vienes?

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