
La mayoría de las personas hemos empezado a nombrar recientemente nuestras emociones y lo estamos haciendo sin que nos hayan enseñado cómo.
Hasta hace poco, la envidia y los celos eran emociones reprimidas en muchas familias. Hoy, por suerte, encontramos más personas que cuidan hablando y dando espacio a estas emociones y rompiendo tabúes sobre la salud mental ¡Es increíble lo que hemos avanzado!
Si eres madrastra seguramente te habrás dado cuenta lo desafiante que es nombrar, entender y procesar algunos sentimientos encontrados.
Las emociones son como una brújula que te guían hacia donde debes mirar con más atención.
Te voy a compartir una situación personal para explicártelo mejor:
Mi marido siempre ha sido un padre responsable. Es muy atento a cada detalle y una de las cosas que me hizo enamorarme de él fué ver su cariño hacia su hija.
Cuando empezamos a vivir en la misma casa vi más de cerca esta relación: la demostración de afecto, su dedicación a planificar tiempo de calidad con su hija y el cuidado (conductas fundamentales para una relación sana).
Era realmente muy bonito.
Pero al ver esta hermosa relación de padre e hija me sentí molesta. Me di cuenta de que mi comportamiento cambiaba, respondía mal, tenía ganas de alejarme y estar sola.
¿Por qué me sentía así?Tenía claro que eran celos, pero pensaba “Qué horror, ¿cómo voy a sentir celos de mi pareja y su hija? ¡No puedo ser la madrastra malvada de las películas!”
Así que reprimí todos estos sentimientos.
Poco a poco me di cuenta de que tenía que mirar más esa “sensación extraña y desagradable” que sentía, cuando les veía jugando o pasando tiempo de calidad.
Hasta que finalmente un día, durante una caminata, empecé a hacerme preguntas clave y a encontrar el mensaje escondido detrás de todas mis dudas.
⭐¿Qué siento?
⭐¿Me siento molesta?
⭐¿Por qué, si todo lo que más quiero es que los dos estén bien?
Ese malestar que siento: ¿me gustaría tener este tipo de atención? A través de esta última pregunta encontré recuerdos que me hicieron cuestionar mi relación con mi padre.
Mi padre y mi madre se separaron cuando yo tenía 6 años y desde ese momento mi padre se fue distanciando. Tuve un padre ausente que me llamaba unas 3 veces al año, no pasaba la pensión alimenticia… es decir una paternidad totalmente opuesta a la de mi esposo con mi hijastra.
Ver esta relación me hizo entender que me hubiese gustado haber tenido la oportunidad de tener esa figura paterna. Empecé a escuchar a mi niña interior gracias a este rol de madrastra. Por eso lo valoro tanto, me ayuda a conocerme mejor y a desarrollarme como persona.
El autoconocimiento es la conciencia de nuestras propias emociones y es una herramienta importantísima que te permite identificar lo que sientes sobre tu propio estado interno.
Según Daniel Goleman es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de las personas que nos rodean, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones.
El entender lo que sucede contigo cuando vives experiencias desconocidas te hace tener más seguridad para poder realizarte en el rol que desempeñas y también en todas las áreas (y otros roles) de tu vida.
Estar en una familia ensamblada es desafiante, entre otras cosas porque todavía es un tema poco visibilizado. Esta falta de conocimiento de las dinámicas y realidades de este modelo familiar hace que haya pocas herramientas para lidiar con estas “batallas” que surgen.
En el inicio de mi camino de madrastra sentí soledad y miedo, tenía que trazar un camino sola, sin mapa, sin brújula, sin orientación. Formar una familia ensamblada me ha dado la oportunidad de conocerme y construir poco a poco mis relaciones familiares. Ser madrastra me enseña que mi rol no puede ser definido por personas que ni siquiera conocen nuestra rutina.
Así que aquí te propongo:Cuando sientas nervios, miedo, envidia, celos u otros sentimientos de estos que llamamos incómodos, coge papel y boli y lánzate a hacerte preguntas para empezar este emocionante viaje.
Nombra tu emoción, apunta los momentos en que la sueles sentir. y piensa en formas de canalizarla (puede ser haciendo deporte, leyendo, respirando o conversando con alguien). Este último paso es fundamental para liberarla.
Este camino es mucho más bonito cuando compartimos nuestras andanzas y nos apoyamos. Te deseo que tu trayecto sea lo más ligero y lleno de confianza posible.
Referencia:
Goleman, D. (1996). La Inteligencia Emocional. Buenos Aires: Javier Vergara.
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