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Crianza S(Y)N Género

Para mí, como persona trans, el género está muy presente en el día a día, y cualquier situación cotidiana se ve atravesada por ello. Es por esto que, cuando proyectaba a futuro la crianza de mi peque, tenía claro que quería que fuera sin género asignado o lo más libre de él posible. No tenía ni idea de cómo, sólo sabía que no impondría una identidad de género a mi peque en base a sus genitales, en primer lugar porque sé que esta asignación puede ser errónea y no quiero caer en la presunción de cisexualidad*, y por otro, porque soy consciente de la invisibilidad de identidades que conlleva y las desigualdades que provoca el género y su asignación.

Para esto no hay un manual, tampoco había referentes (ahora empieza a haber más visibilidad), no hay una única forma de hacer, y cada familia vamos poniendo en práctica diferentes estrategias que nos funcionan en el día a día. 

Antes de la llegada de mi peque, lo que más me ayudó fue conocer a otra persona que ya estaba llevando a cabo este estilo de crianza, poder hablar y compartir dudas e inquietudes y que me contase cómo estaba viviendo el día a día. ¡Ojalá en aquel momento hubiese encontrado un espacio con más familias!

Hay muchos nombres que le podemos dar a este tipo de crianza: crianza sin género, crianza sin género asignado, crianza creativa con el género, crianza crítica con el género, o cualquier nombre parecido que la familia quiera poner. Creo que son nombres paraguas bajo los que se engloban una serie de decisiones que cada familia lleva a cabo de distintas maneras. Estoy seguro de que mi crianza sin género asignado y la crianza sin género asignado de otra familia tendrán puntos comunes, formas de hacer parecidas, y otras muy dispares. 

Cuando yo me puse a pensar en cómo nombraría mi estilo de crianza, decidí que sería “crianza sin género asignado” porque cuando pensaba en la fórmula “crianza sin género” se me hacía difícil concebir esto en la realidad, cuando el género lo inunda todo. Por tanto mi enfoque no es que a mi criatura no se la nombre con género o no se la reconozca en uno, sino darle una amplia experiencia con el género desde la que ir construyendo, experimentando y reconociéndose a sí misma. Y, aunque no haría falta destacarlo, la base de esta crianza está muy ligada al respeto y a la libertad, por tanto, en el momento en que mi criatura verbalice cuál es su identidad y sus pronombres, esto será respetado. Parece absurdo u obvio, pero me he encontrado con personas que creen que lo que quiero es imponer una identidad trans no binaria(*) o un lenguaje neutro con -e a mi peque, para toda su vida. Y no, lo que quiero es darle la libertad más absoluta y eliminar la imposición de identidad, estereotipos, roles y expresión de género, para que pueda crecer libre.

Y te preguntarás, ¿en qué consiste esta crianza? ¿Cómo se pone en práctica? ¿Es posible?

Si, lo es, aunque hay que tener en cuenta que en algunas ocasiones habrá batallas que demos por perdidas, o que no nos merezca la pena enfrentar. 

Yo he decidido que la asignación legal en la casilla sexo/género del registro civil en la inscripción de nacimiento de mi peque (y en la mía), no es más que un marcaje social que se traduce en una categorización cis(*) y binaria de los cuerpos e identidades, “esta criatura tiene pene o esta criatura tiene vulva”, por supuesto dejando fuera (discriminando e invisibilizando) a las personas intersex(*). Esta es la base sobre la que la sociedad cisbinarista empieza a construir a las personas, a dictar cómo tenemos que ser y a enjaularnos en moldes rígidos y estancos. Personalmente, he decidido que esto en mi crianza no lo quiero, porque de base ya sé que no siempre es correcta esta asignación y no quiero que mi criatura crezca con un camino marcado y dirigido, sino que quiero que pueda explorar y construirse, mostrarse tal y como es, encaje o no en los mandatos sociales impuestos.

La primera “batalla” ya fue durante el embarazo, la típica y tremenda pregunta “¿es niño o niña?” y, a continuación, el ingenio y las ganas de cada familia que llevamos a cabo estas crianzas. “Eso da igual” cuando no ha habido fuerzas de explicar más, “todavía no lo sé, lo sabré cuando hable” cuando te apetece dar alguna pincelada, y “llevaré a cabo una crianza sin género asignado, así que puedes utilizar el género que quieras con mi criatura, yo usaré el neutro” cuando ya te ves fuerte y con ganas y/o consideras que el entorno es lo suficientemente amable y/o seguro.

Después el nombre, yo tenía muy claro que quería un nombre neutro, y lo que he podido comprobar con este tipo de nombres que no marcan género, es que cada quien asocia unos pronombres diferentes, por tanto “el género del nombre” depende de la persona que lo ve o pronuncia. 

Y tras esto, los colores, la gente parecía entrar en colapso, necesitaban saber qué genitales tenía mi criatura y casarlos con un color para poder hacer un regalo, ¿no suena muy absurdo?. Mi decisión ha sido utilizarlos todos, porque los colores no tienen género, igual que la ropa. También hay familias que, dentro de este estilo de crianza, deciden no usar un color o algún tipo de prenda, por algún motivo. Lo dicho, cada familia toma sus decisiones.

Hay incluso familias que deciden previamente en qué ámbitos darán explicaciones y se expondrán, y en cuáles no, porque muchas veces no depende solo de nuestras ganas o fuerzas, sino del entorno y de cómo sea este. Hay quien decide que en el ámbito familiar no librarán esta batalla, o quienes deciden que no lo harán en el área sanitaria. Pero todos los caminos buscan una finalidad común, la no asignación rígida de identidad, estereotipos, roles y expresión de género en base a unos genitales, en una sociedad cis y binaria que además deja fuera a las personas intersex, como decíamos al inicio, y a las personas trans no binarias.

El lenguaje que yo utilizo en mi día a día con mi criatura suele estar bastante libre de género, a veces utilizo el neutro con -e (guape) y otras busco fórmulas que no marquen género (preciosidad). Soy consciente de que esto requiere un ejercicio mental, que, por mi recorrido de vida, ya llevo bastante practicado, pero también conozco a otras familias que empiezan de cero y consiguen esta misma habilidad de pensar en alternativas sin género para referirse a sus criaturas, llegando a automatizarlo. Y no lo consiguieron de la noche a la mañana, sino a base de esfuerzo, trabajo diario, constancia, implicación y convencimiento.

Por tanto este estilo de crianza es transversal a todos los ámbitos de la vida de la criatura y de la familia, no tenemos un único camino a seguir, ni un manual al que recurrir, sino que nos vamos encontrando en grupos, redes sociales, medios…  y nos vamos compartiendo desde las experiencias hasta estrategias, recursos y herramientas.

Notas: 

Personas trans no binarias: Personas cuya identidad de género no coincide con la asignada al nacer y además esta no encaja en la dicotomía hombre/mujer. Es un término paraguas que engloba otras muchas identidades.

Cis o Cisexual: cuando la identidad de género de la persona coincide con la asignada al nacer.

Intersexualidad(es): se dice que una persona es intersex, o intersexual, cuando nace con características sexuales –cromosomas, hormonas, gónadas, o genitales– o con una anatomía sexual que no encaja en la definición típica binaria de cuerpos masculinos o femeninos. (Una guía sobre intersexualidades publicada por el Ayuntamiento de Terrassa y la activista intersex Mer Gómez)

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