
Si te preguntan ¿qué quieres para tus criaturas? es muy probable que respondas ‘que sean felices’. Pero ¿es esto lo que realmente quieres para ellas? La felicidad es un sentimiento fantástico pero, seamos realistas, como todos, no es permanente.
Hemos crecido con la idea de que hay emociones buenas y malas, sentimientos positivos y negativos y todo está en este binarismo de lo que está bien sentir y lo que hay que tapar o ignorar. De aquí sale el ‘no llores’ o ‘no pasa nada’ ‘todo saldrá bien’ que decimos con la voluntad de consolar, pero que realmente muestran que no sabemos cómo lidiar con emociones incómodas y que no son aceptables en nuestro colectivo.
Cuando hablamos de felicidad, alegría o cualquier emoción que nos haga sentir ‘bien’ en general te permites disfrutarla (en algunos casos porque todo lo bueno se acaba) pero en muchos otros simplemente porque puedes y debes. Entonces ¿por qué necesitamos cambiar los estados de tristeza, enfado o las emociones que sentimos cómo ‘malas’?
Si aceptamos todas las emociones como simplemente estados temporales que hay que transitar y no necesitamos solucionar, cambiar o tapar, podemos vivirlas desde otra perspectiva y esto nos abre puertas a otras capacidades como la empatía y la escucha (propia y de quien tengo al lado) que acaban generando agilidad emocional.
La meta es aprender a transitar las emociones sin juzgarlas, sin cambiarlas, sin taparlas ni forzarlas. Simplemente aceptar y entender sin culpabilidad ni remordimiento. Muy fácil ¿no?
Está claro que cómo todo, es mucho más fácil decirlo que hacerlo, así que sólamente podemos practicar, practicar mucho y equivocarnos mucho más.
Quizás uno de los mayores regalos que podemos dar a nuestras criaturas es crear este espacio para que puedan sacar las emociones y sentimientos explosivos de forma segura, sabiendo que estamos allí y que pueden transitarlos porque nosotras, las personas adultas, podemos sostenerlas.
Es complicado enseñar lo que no hemos aprendido así que el primer paso quizás pasa por darnos el espacio nosotras de sentir todo este abanico de emociones que no nos gusta y no sabemos cómo ubicar. Quizás no necesita ser ubicado simplemente sentido y transitado sin buscarle una solución, sabiendo que, cómo todo, pasará.
Es realmente difícil escuchar a tus criaturas y personas queridas llorar o contar un problema y simplemente dar soporte sin intentar solucionarlo. Hemos aprendido a buscar soluciones o parches para hacer sentir mejor, pero ¿realmente estás solucionando el problema o intentando acabar con la incomodidad que te genera a ti su tristeza o enfado?
Quizás no es necesario aportar soluciones u opiniones, simplemente podemos escuchar, dar soporte y la otra persona encontrará lo que necesita por sí misma. Y si necesita ayuda o una opinión, la pedirá seguro.
Ya hemos dicho que es un trabajo que requiere práctica y esfuerzo por nuestra parte.
Vas a tener que salir de la zona de confort constantemente e ir en contra de lo aprendido.
Vas a fallar muy a menudo, no pasa nada.
Lo importante aquí es intentarlo y poder sostener la mitad de las veces con comprensión y con espacio para sentir, y narrarte siendo el centro cuando va sobre ti y saliendo de él cuando no es tu historia ni son tus sentimientos.
Que cada persona sienta y transite a su ritmo.
Imagina que tus criaturas puedan experimentar todas las emociones y poder acompañarlas en éste tránsito para que adquieran las herramientas necesarias que les permita ser resilientes y maduras emocionalmente y tener la certeza de que pueden vivir plenamente una vida feliz. Ahora deja de imaginar, vamos a hacerlo realidad.
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